La Comisión de Vinculación del CMIC, presidida por Flor Montero, organizó una serie de entrevistas a colegas invitándonos a compartir nuestras experiencias y sugerencias sobre diversas facetas del mundo de la interpretación.

Tuve el honor de que me escogieran para la 20ª. edición, cuyo tema fue “La interpretación en organismos internacionales”.

La entrevista comenzó con una pregunta de la entrevistadora sobre mi llegada a México y mi incursión en la interpretación. Describí de manera anecdótica mi llegada a México después de viajar en aventones y pasar un tiempo en prácticamente todos los países del continente americano. Mi acercamiento a la profesión fue casi por casualidad. Ingresé al Instituto de Intérpretes y Traductores (ahora el ISIT) en 1975, más interesado en la traducción escrita que en la interpretación. Pero las clases de Laura Zocchi, en especial, y de otros profesores, como Wanda Velghe, hicieron que me involucrara cada vez más en la interpretación. En 1978, año en que me recibí, México era uno de los destinos favoritos para la organización de congresos y convenciones, y gracias a eso comencé a trabajar incluso antes de terminar la carrera.

En la siguiente pregunta, la entrevistadora quería saber qué obstáculos tienen los intérpretes recién egresados para trabajar en un organismo internacional. Yo preferí darle la vuelta a la pregunta y mencioné los activos, los talentos, que debe tener un aspirante. En primer lugar, dominar 3 o más idiomas, pero dominarlos: el A, que es el idioma materno, uno B, el idioma al que uno puede interpretar pero que no es el idioma materno, y dos o más idiomas C, que son los idiomas pasivos, a partir de los cuales interpretamos al idioma materno, pero no hacia esos idiomas.

Y hay que moverse, apuntarse en todos los exámenes que organizan los organismos internacionales para llenar vacantes, presentarse a las convocatorias que anuncian las misiones de reclutamiento… tal vez no consigamos el puesto la primera vez, pero en alguna parte se guarda el CV, el nombre, la dirección, y tarde o temparano alguien quizá eche mano del expediente y, en todo caso, nos pueden contratar como locales si el organismo necesita intérpretes para un evento en México. Si tienen que viajar a Nueva York para presentarse a un examen, hagan la inversión (aunque en algunos casos el organismo paga el pasaje del aspirante). Tienen que consultar con regularidad los sitios web de los organismos internacionales, ONG, o comisiones ad hoc. Googleen “trabajar como intérprete en Europa”, o “en Canadá” o donde les interese. Se encuentra mucha información y por lo general hay una sección de vacantes donde figuran los requisitos. Mientras tanto, traten de trabajar con miembros de AIIC, que los oigan, que los conozcan, háganse ver, háganse notar, y no dejen de perfeccionarse y actualizarse constantemente.

Una pregunta que me pareció muy interesante fue si yo había notado diferencias importantes entre el trabajo como intérprete independiente y como staff permanente de un organismo internacional y que describiera cómo es el entorno institucional, el ambiente de trabajo y la competencia profesional.

Claro, la primera diferencia es que en un organismo internacional uno tiene un puesto fijo, por lo general muy bien remunerado, con excelentes prestaciones y apoyo institucional. Este apoyo es en forma de revisores que se asignan a los traductores recién contratados o supervisores a los nuevos intérpretes, un enorme acervo de glosarios de muchísimos temas y en todos los idiomas de trabajo del organismo, una biblioteca para los servicios de idiomas, la posibilidad de tomar el teléfono y llamar y consultar al autor de un texto o al ponente que va a dar la conferencia y, sobre todo, ayuda de los compañeros con más experiencia…

Cuando somos funcionarios permanentes, debido a lo complicado que es despedir a un empleado (se requiere presentar una serie de evaluaciones mediocres durante tres años, presentar un plan de desarrollo profesional, fijarle objetivos viables, demostrar que se le dieron oportunidades satisfactorias para mejorar su desempeño, etc.) nadie hace ningún intento por “quitarle el puesto a un colega”, ni “desplazarlo de un evento interno”, porque igual cobramos el sueldo. Damos, sí, lo mejor de nosotros mismos porque somos profesionales, y podemos aspirar a un aumento de sueldo más generoso si recibimos una calificación alta en las evaluaciones anuales, pero, entre bomberos no nos pisamos la manguera. Hay mucha camaradería.

Para los free-lancers no somos competencia, porque no incursionamos en los nichos de mercado en los que ellos se manejan. En todo caso, somos un valioso vínculo con la institución en lo que se refiere a contrataciones para eventos cuando no alcanza el personal de la casa, frecuencia de las contrataciones, invitaciones a misiones al exterior, y… ¡nos tratan con guantes de seda!

Otra diferencia con los free-lancers es que en un organismo tenemos ingresos asegurados, prestaciones, seguro médico, viajes al lugar de nacimiento para renovar vínculos con la familia y el idioma, protección internacional cuando viajamos, una remuneración adicional si nos asignan a lugares de trabajo conflictivos o insalubres, evacuación a un lugar seguro, y otras ventajas. Y tenemos la suerte de que no nos vemos obligados a correr a casa al término de un evento para hacer una traducción urgente, ni dobletear eventos para poder pagar el alquiler o la hipoteca, la colegiatura de los niños, el mantenimiento del automóvil y los gastos comunes del hogar, sobre todo porque trabajando de manera independiente hay que ahorrar para aguantar los meses de poco trabajo, la última quincena del año, la cuesta de enero y la falta de regularidad de los ingresos… y del pago de los honorarios. Esa diferencia es crucial.

Me preguntaron también si sabía de mexicanos que hayan ocupado puestos importantes en organismos internacionales. Claro, Guido Gómez de Silva, que fue  jefe de la sección de terminología, jefe de formación de intérpretes y jefe de la sección de lenguas de las Naciones Unidas; Rosi Mesa Steel, jefa de intérpretes del Banco Mundial; Gustavo Silva, jefe de la sección de servicios lingüísticos en la Organización Panamericana de la Salud; Mercedes Martínez (miembro fundador del CMIC), jefa de intérpretes de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual… son los que me vienen a la mente.

En la última pregunta me pidieron que señalara qué mensaje pensaba yo que debía dejarles a los nuevos intérpretes. Yo creo que una de las cosas más importantes es mantener el profesionalismo, con todo lo que el término implica, en todo momento. Para cualquier trabajo que se nos asigne, be prepared. No se puede entrar a la cabina sin saber de qué se trata la conferencia, cuál es el tema, quiénes son los oradores. Hay que estudiar, pedir las ponencias con anticipación, o por lo menos material de referencia, consultar el sitio Web de la empresa, el simposio, o el congreso. Cada vez es más frecuente que se arme un sitio en Internet con muchísima información sobre el evento. Hay que leer las ponencias que nos entreguen, buscar terminología, resolver dudas, aclarar conceptos, aprenderse las siglas, apuntar una traducción bien pensada de alguna frase clave, del mensaje final, de alguna cita de una persona célebre, ¡y hasta de un chiste!

Otra sugerencia para todos los intérpretes, no solo los nuevos, es grabarse en la cabina, periódicamente. Así nos oímos tal como nos escucha el oyente, y percibimos los ruidos, la respiración, el tamborileo de los dedos en la mesa, el castañeteo de los dientes (en los lugares donde colocan las cabinas suele llegarnos el aire acondicionado en todo su esplendor), los “eeeeeh” que suelen emitirse entre una frase y otra. Los colegas que toman nuestro relay son una excelente fuente de retroalimentación. Nos pueden decir cosas como: “Estabas demasiado lejos del micrófono y no se te oía bien”. “Cuando hablas demasiado rápido se te lengua la traba”, y comentarios de esa índole.

Es fundamental estar bien informado, actualizado, aprenderse (en los dos o tres idiomas de trabajo) el nombre de la conferencia, los organizadores, los comités, los ponentes, las entidades que representan. Es preciso entrar a la cabina con confianza y, también, con un poco de nerviosismo, porque eso nos genera la adrenalina que necesitamos para aguantar ocho horas en este trabajo que exige tanta precisión y concentración. Pero tenemos que evitar sentir que somos maravillosos, impecables y que nadie podría hacerlo mejor que uno, que no necesitamos que nos apunten ningún término difícil, o que se nos escapó, que no tenemos nada más que aprender; ni tampoco mirar con desdén al colega, que posiblemente también sea excelente y haga un trabajo estupendo.

Y, por supuesto, respetar la profesión. Y esto significa observar las normas generalmente aceptadas de la profesión, no cobrar tarifas más bajas “para no perder el evento”, no quitarle el cliente a una agencia ni a un colega, no aceptar condiciones deplorables de trabajo, no permitir que el cliente nos falte el respeto cuando no accede a concedernos lo que necesitamos para desempeñar nuestra labor. Estaríamos dando pie a que no se nos respete como profesionales… si nosotros mismos no nos respetamos ni defendemos la profesión.

Roberto tiene más de 35 años de experiencia como traductor e intérprete profesional en México y en el extranjero. Es egresado del Instituto de Intérpretes y Traductores (ahora el ISIT) de la ciudad de México. Trabajó casi 20 años como funcionario permanente del Fondo Monetario Internacional, en Washington, y en contratos temporales en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial, la Organización de los Estados Americanos (OEA), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Ginebra, y la Dirección General de Interpretación de la Comisión Europea (SCIC) en Bruselas.

ornamentTextDivider

By | 2017-06-16T20:53:28+00:00 October 21st, 2015|Posts|2 Comments

About the Author:

Dorina Bonatti es intérprete de conferencias y traductora. Estudió en la 'Scuola Superiore per Interpreti e Traduttori di Firenze', en la ciudad de Florencia, Italia. Su carrera se ha desarrollado principalmente en México y siempre ha tenido un fuerte interés en todo lo que se relaciona con su profesión.

2 Comments

  1. Giampaolo Atzori 10/02/2016 at 9:34 am - Reply

    Bravo, Roberto ! Un saludo afectuoso de tu colega Giampaolo.

  2. Flor Montero 10/02/2016 at 3:23 pm - Reply

    ¡Muy interesante! Muchas gracias 🙂

Leave A Comment