Por Dorina Bonatti

Rumbo a nuestro destino en el Metro de la Ciudad de México

Subirse al metro tempranito (la línea rosa) para llegar a trabajar es un acontecimiento que sigue sorprendiéndome.  No lo uso muy seguido porque trato de llegar por otros medios, por eso de la gran inseguridad en la que vivimos en nuestro país. Pero cuando se trata de trayectos cortos, sin tener que llevarme la computadora y teniendo la alternativa de usar el vagón de mujeres, eso es lo que hago porque los estacionamientos públicos te cobran tarifas de asalto e irte en Uber, como hacemos la mayoría de los intérpretes, resulta también muy doloroso cuando te llega el pago en la tarjeta a fin de mes.

En estos días, mi trabajo me ha llevado a subirme con cierta frecuencia y a poder observar a las mujeres a mi alrededor. Mujeres jóvenes, la mayoría o más jóvenes que yo . Muchas recién bañadas, con el cabello aún húmedo y otras en plena faena de maquillarse el rostro. La gran mayoría poniéndose rimmel o polvos en la piel y otras peinándose con una destreza total en las manos  y a una velocidad sorprendente. Lo que más me atrae o sorprende es verlas con la famosa cuchara, que por lo general es chiquita: la famosa ‘cucharita’, que usan para rizarse las pestañas. En este caso en particular, una joven mujer usaba una cuchara sopera (!!!) para este menester de doblar a la mitad las pestañas del párpado superior, jalándolas con fuerza  y revisando el resultado en un espejito sin aumento y pasando después a ponerse el rimmel.  Me maravilla como logran hacerlo, terminando con los ojos aún intactos, porque resulta que en las últimas ocasiones que he tomado esta línea, los tubos fluorescentes de los vagones están apagados, con la excepción de tres (son doce en total) y se viaje en la semioscuridad la mayor parte de las veces y con ese vaivén del vagón que, si no estás sentada, es imposible no sentir que en cualquier momento algún movimiento brusco te llevará a tener que agarrarte de algo o de alguien para no terminar zozobrando.

Sigo observándolas, todas serias, circunspectas, sin alzar la vista, algunas robándose 5 minutos más de sueño antes de su parada, otras con hijos agarrados de la mano con fuerza, dándoles unos bocados de comida antes de llegar a dejarlos a la guardería o la escuela, según la edad. Premurosas casi todas,  asegurándose de que el niño traiga todo y esté bien presentado y que su tarea de mamá se cumpla a cabalidad antes de bajarse del vagón y desaparecer entre la marea de gente, cada quien dirigiéndose hacia sus propias vidas, buenas o no tan buenas, con la preocupación que tenemos todos de poder llegar a tiempo a nuestro destino.

En este caso en específico,  dejándome llevar por todos estos pensamientos y sensaciones, perdí mi parada y me asalta la sensación de que ‘voy a llegar tarde’, porque ahora tendré que cambiar de dirección para tomar el tren que me regresará a mi destino. Se abren las puertas y piso una botella de plástico de algún refresco y me inclino a recogerla por instinto. Rápidamente procedo a preguntar cómo regresar a la parada que me corresponde, sin abandonar la intención de tirar la botella en un bote de basura. El metro de la Ciudad de México está impecablemente limpio, pero me pregunto, ¿por qué no hay botes de basura por ningún lado? Con la botella en la mano, me subo, ahora en un vagón absolutamente retacado de personas que huelen a limpio, a recién bañados, a ropa perfectamente lavada y perfumada con algunos de estos tantos productos ‘suavizantes y perfumados’ que venden y que sin duda manos amorosos y cuidadosas hicieron esta labor. Llego a mi parada, subo por las escaleras para salir a la calle y poder depositar la botella en su lugar. No veo botes por ningún lado y la visión del mar de personas que llenan hasta el último espacio al llegar a la parada de Insurgentes, es abrumadora. Pero, ¿y los botes de basura? ¡Ni uno solo! De hecho, la basura nos rodea por todos lados.

Me enfilo por la primera salida que veo para salir del metro Insurgentes y dirigirme al hotel en el cual trabajaré.  Camino rápido porque, aunque vi en  internet su ubicación, no sé exactamente a qué distancia quede de donde estoy. Salgo en plena Zona Rosa. Los puestos de dulces, refrescos y cigarros ya están en su sitio, los vendedores de tamales en plena faena y las cocinas al aire libre, picando papa con cebolla se dejan ver pero, sobre todo, oler. La vista no es placentera. De la señorial Colonia Juárez, queda una que otra fachada de estilo porfiriano o uno que otro edificio de la misma época con accesorias que venden de todo en la planta baja. La demolición sistemática de los edificios y palacetes de ese periodo de nuestra historia es casi completo, como si se quisiera borrar de un plumazo que existió el porfiriato.

Llego a Reforma y pocas cuadras después a mi destino con la botella aún en la mano y con la sensación de que una vez más la libré, llegando a tiempo a trabajar.

By | 2018-04-30T13:02:15+00:00 April 30th, 2018|Posts|7 Comments

About the Author:

Dorina Bonatti es intérprete de conferencias y traductora. Estudió en la 'Scuola Superiore per Interpreti e Traduttori di Firenze', en la ciudad de Florencia, Italia. Su carrera se ha desarrollado principalmente en México y siempre ha tenido un fuerte interés en todo lo que se relaciona con su profesión.

7 Comments

  1. Joyce Denton 30/04/2018 at 4:22 pm - Reply

    Dorina, has logrado plasmar en la palabra escrita mis mismas observaciones y pensamientos del Metro y sus usuarios, sistema de transporte que uso constantemente por rápido y barato. Justo cuando empezaba a leer decía para mis adentros, ¡Ojalá diga lo de la cucharita! ¡Ojalá diga lo de la cucharita! Arte que jamás he dominado y siempre admirado, ¡sobretodo en el Metro de la CDMX! ¿Será más rápida y eficiente la tarea con cuchara sopera? Lo de la basura… muy atinado. Faltan depósitos públicos para la basura, yo misma he cargado basura ajena durante cuadras, te entiendo. Adoro tu estilo, ¡más por favor!

  2. Georganne Weller 30/04/2018 at 5:12 pm - Reply

    Mi querida Dorina:
    Tus palabras (por lo menos te tomaste la molestia de plasmarlas sobre el papel), reflejan exactamente mis sentimiento, te lo juro. Has hecho un retrato vivo de lo que es andar en el metro a temprana hora en la CDMX y yo también nunca dejaré de reconocer la destreza que tienen las compañeras al enchinarse las pestañas con la cuchara que sea, una verdadera hazaña. Muchas gracias por compartir estas reflexiones con nosotros, besos en el Día del Niño, todos llevamos ese niño dentro de nosotros….

  3. Mariana Boatwright 30/04/2018 at 6:20 pm - Reply

    Carissima Dorina,
    He quedado encantada, la sensibilidad y profundidad con la que has logrado capturar ese momento cotidiano, pero crucial en la vida de tantos seres, me ha hecho sentir que estaba dentro del vagón con la cucharita en mano.

    Muchas gracias por compartir

    Bravissima! Complimenti

  4. Dorina Bonatti Da Prato 01/05/2018 at 4:28 pm - Reply

    Gracias por sus lindos comentarios. A ratos me nace escribir y muy a menudo mi propósito de hacerlo no lo llevo a cabo porque mis pensamientos corren a alta velocidad y se me escapan las ideas. Es un cuentito corto, escrito en 15 minutos. Mi necesidad de transmitir no sólo lo que vi si no también los muchos sentimientos que me vienen a la cabeza en relación con las mujeres, que resultan ser las artífices que crean a los seres humanos que habitan y manejan el mundo.

  5. MARIA DEL VALLE ALDASORO 02/05/2018 at 11:18 am - Reply

    ¡Me encantó! Gracias, Dorina.

  6. Gabriel BC 03/05/2018 at 11:49 am - Reply

    ¡Hola Dorina! Muchas gracias por el texto que nos compartes. Me encanta la facilidad con la que transmites tu secuencia de pensamientos tal y como los tenemos (a veces desordenados y desconexos) durante esas experiencias cotidianas. A mí, por supuesto, también me encanta usar el metro para ir a trabajar; aunque acepto que soy un completo ignorante del arte de la cucharita cuando no sea una forma de dormir o venga llena de un rico gelato. ¡Abrazo!

  7. Roberto Donadi 03/05/2018 at 1:09 pm - Reply

    Me encantó tu relato: fresco, honesto, claro y divertido a la vez!!!

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